El Vagabundo , Formador de Formadores titulado, se llevó desde el 2006 hasta el 2016 impartiendo cursos de cocina con más de 2.000 alumnos entre asociaciones, instituciones, centro culturales, colectividades, escuelas... Pero los libros como siempre lo llamaban, dejó los cursos y se puso a escribir como loco. Cosa que hace aún. Y es que cuando tu yo cristo te llama a tu misión universal, es como todos sabemos, una fuerza que pasa arrasando...
En unos de esos cursos estaban los dulces de cuaresma.
El proyecto de ese día eran hacer pestiños y torrijas. Pero ese día del que os cuento había una sorpresa. Una de mis alumnas más maduritas y uno de mis ojitos derecho de ese año, Concha, me dijo, muy educadamente, que si ella nos pordía enseñar a hacer una receta con más de 75 años de tradición.
El Vagabundo que siempre abre espacio a lo nuevo y al aprendizaje, sin lugar a dudas le dijo a Concha que adelante: no era una forma normal de cómo hizo las torrijas, vi un toque de profesionalidad en esa elaboración. Y sobre todo los ingredientes: pan de barra, huevos, azúcar y miel. Nada de leche o vinos o brioche ni inventos raros.
Cuando terminó de hacer las torrijas y me llevé para casa alguna , después de repartirlas a todos los alumnos, con un desborde de generosidad. Concha que no se llevó ninguna, dijo que en su casa se hacían de esa forma todos los años y que tenía muchas en casa.
Me llamó mucho la atención todo: la elaboración, los ingredientes...Y estaba esperando de llegar a casa para probarlas. Con Xodó nos sentamos y al abrir el taper, el olor era distinto, y cuando las probamos nos miramos y sonreimos. Estaban delante de nosotros las mejores torrijas que habríamos probado en nuestra vida.
Espectante para que llegara de nuevo el curso, cuando terminó la clase de esa semana , me aparté con ella y le pregunté cómo era la historia de esa torrija. Concha sabedora de cómo funciona la humildad y la sencillez, la magia de los genios, me dijo que era nieta de Filella...
Filella era una confitería que abrió en 1935 en la calle San Jacinto y después se hizo famosa en el edificio tan maravilloso de la Avenida de la Constitución. Inundaba esa avenida con olores maravillosos y endulzaba a los sevillanos y de qué manera. Pero el 5 de Abril de 2014 murió con 74 años de edad Isabel Filella Gómez, la última de las reposteras de la familia Filella y con ella e hizo el cierre de las dos tan famosas confiterías.
Pero gracias a Concha y ahora al Vagabundo, os dejo uno de los legados más importante de la ciudad de Sevilla.
A continuación os dejo el video y un librito espectacular que todo sevillan@ debe tener en sus cocinas (por lo menos así lo desea el Vagabundo) para degustar en esta Semana Santa el mejor legado de la gran Familia Filella: sus torrijas.
Y como empecé con mi diario: Filella y sansacabó, nada de Morantes...O sí...

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