Esto es un cuento. Lo digo por si algún médico o farmacéutico que lee al Vagabundo se siente ofendido...No es mi intención. Te lo juro , como dirían los pijos, "Por la tía Encarna".
"Érase una vez en un publecito blanco del sur de España con una población de no más de 2.222 personas en la ladera de una montaña , de las pocas que existen en esta parte de la península, existía un médico diferente.
Había estudiado su carrera de médico en una facultad dígase cualquiera, con las tentaciones de laboratorios farmacéuticos típicas al final de carrera. Y sobre todo cuando le dieron este despachito pequeño en una habitación pequeña de una iglesia de este pueblecito tranquilo.
Elegida por él mismo ,la consulta, pidió él esta habitación, lejos del ruido y cerca del silencio.
El Doctor Antón (valentía), Don Antón, era llamado así ya que en el pueblito aún no había llegado la moda de habalrle de tú a aquellos que cuidan de tu salud. De verdad. Había que decirle Don Antón.
La mudanza fue toda una locura. No por los muebles, sino por las estanterías de libros y los más de 2.000 volúmenes de medicinas y espiritualidad que tenían en su haber para consultar. Aunque había internet, él investigaba por su cuenta. Don Antón era un incrédulo. Desde Paracelso, pasando por Schrödinger, Don Antón sólo estudiaba ésos libros. Y por supuesto la biblioteca creció durante su larga vida...
Y discutía con ellos (con los libros). Eran sus amigos de papel. Dejó de relacionarse con sus compañeros de facultad porque decían de él que estaba loco. Y él pensaba de ellos que tenían el cerebro comido por tanta convención farmaceútica, tanto medicamento nuevo y tantos viajecitos oficiales...
Y es que Don Antón era un puto rebelde, lo más parecido a un druida que a un batablanca.
Cuando abrió la consulta no iba nadie, por la mala fama que tenía en la ciudad donde había estudiado, sobre todo gracias a sus compañeros de facultad. Y por el demonio bicéfalo: la tv y las redes suciales.
Sólo iba a ver a Don Antón la madre de turno para que le curara la brecha urgente de turno de los chiquillos que jugaban en el parque, cosa que casi ningún niño ya hacía en la ciudad.
Los adultos no lo visitaban, tenía mala fama por los demás médicos y está claro que no se podían equivocar todos, decían los lugareños...
Le encantaba ayudar a los demás con sus manos, pero siempre estaba la consulta vacía. Eso de que tuviese la consulta vacía a Antón le daba mucha alegría también, porque le daba tiempo de estudiar y sacar sus propias conclusiones sobre que lo de la medicina es mente-cuerpo, y no solo cuerpo. Habría que curar antes la mente. Y cada persona era un mundo, no se podía tratar a cada uno por igual. Aunque la Administración hacía cosas que él certificaba que eran perfecta como derrogar un médico por persona y por zona, actuaban todos iguales y eso le gustaba menos.Cosas de genios...
Un buen día un gordito adulto fue a la consulta: Emiliano. Respiraba mal y no podía casi andar, debido a la gordura. Don Antón no se lo creía. Que tuviese su primer paciente adulto y que estuviese gordito aún viviendo en esa maravilla de la naturaleza.
Don Antón, como especie en extición le dió una hoja con sus cinco preguntas básicas:
1)¿Ves televisión o consumes redes suciales?¿Lees?
2)¿Haces deporte?
3)¿Qué comes y bebese durante el día? ¿Productos solares o que le han dado alguna vez el sol?
4)¿Con quién pasas la mayoría de las horas?¿Son positivos?
5)¿Pasas tiempo sólo y eres consciente de tu vida?
Y le extendió una receta con un medicanmento raro. unos botines de cámara de aire.
A continuación le dio la receta y la hoja con las preguntas y le dijo: "Rellena este papel cuando tengas tiempo, y ve a la farmacia a comprar la receta. Nos vemos la semana que viene".
Gordito se fue a su casa. Cuando le abrió la puerta mamá gordita preguntó que qué le pasaba, que si había visto el demonio por su cara tan expresiva. Gordito le recordó que fue al médico. Mamá gordita le dijo que fue la tontería más insolente que hizo en su vida. Que debería haber ido a la ciudad como todos.
Emiliano se encerró en su cuarto y miró la receta con dudas . Era la lucha de lo que le había dicho su madre con lo que leyó en el libro:



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