El médico desaparecido.

Había una vez un médico en un pueblo de cuyo nombre no quiero acordarme...

Se llamaba Tobías, aunque con nombre de ángel, no tenía nada que ver con los ángeles. Era más parecido a Jesús , el padre Azul: un hombre recto, un hombre que te decía las verdades a la cara, un hombre que le resbalaba lo que decían de él, un hombre que por su rectitud y por su verdad le importaba un bledo que apareciera la muerte para uno, la desaparición para otro. Un maya...

Y como médico, un hombre que estudiaba. Que no se fiaba de los congresos a los que era invitado de la farmaceútica de turno, y que no iba a ninguno. Fariseos...

Hizo lo que le enseñó un amigo de papel (un libro), en la biografía de Santiagué, su ídolo, del cual seguía su conducta:aprender alemán . Y es que su maestro Santiagué aprendió alemán para, leer a los científicos de otros países y a ver que decían.Y sobre todo a usar un microscopio de marca alemana que compró allí , artilugio que no existía en España, en la época de la eminencia de Petilla de Aragón.

Tobías no se creía ni gota de los cantamañanas que pusieron en marcha un día una plandemia y podrán en marcha otras seguramente para vender como rosquillas sus frascos de agua salinas a cincuenta "pelotes" como diría Santiagué.

Tobías iba siempre con su chalecos de rayas horizontales negro y amarillo sin mangas, cual abeja (los angloparlantes los llamban Sting como al bajista de The Police). Su corbata de punto calcetín y sus camisas de flores. Eso sí, su pantalón de pinzas tipo chino, porque el otro ángel, el que le hacía las magdalenas de zanahorias y el arroz con carrillada los domingos, su "angelita", quería que fuese siempre elegante. Sus zapatos eran los incuestionables Skechers de camara de aire; decisión bloque o de sí o sí.

Siempre iba con su maletín de piel de cuero de vaca de Ubrique , que su ángel, le regaló en un cumplaños, que él cuidaba los domingos por la mañana con grasa de caballo, como hacía de niño con sus botas de fútbol "Marcos". En su maletín ubriqueño llevanba sus dos tipos de chucherías: las chucherías para ayudar el cuerpo (equipo médico) y las chucherías para cuidar el alma (sobre todo chupachups koyac que le hacía las delicias entre tanto caminar por los caminos terrenosos de sus pueblitos donde curaba).

Pero a lo que más aprecio le tenía, era a un cuaderno de recetas que tenía y que rellenaba con paciencia y sin garabatos ególatras donde a los pesados de sus compañeros, a ninguno no se le entiendía nada.

Para no hacer muy largo el cuento he decir que Tobías curaba en masas. ¿Sus pastillas mágicas?Ahora las veremos a continuación lo que recetaba:

Para el colesterol y la obesidad...Unos skechers...

Para la depresión (provocada por la familia normalmente)...Un libro de Alice Miller y otro de Enric Corberá...

Para el nerviosismo...Una bicicleta...

Para el pesimismo...Cualquier libro de Viktor Frankl...

Para la diarrea...Buscarte amigos nuevos...

Para la tartamudez..Ayudar a los demás...

Para las caries...Abrazar a todo lo que vea por medio, incluso a los árboles...

Para el asma y las alergias...Dejar de ver Salvalme, la televisión y no frecuentar todo lo que se le parezca...

Y así podría estar escribiendo el Vademecum de Tobías el ángel, durante 22 años consecutivos sin parar...

Un buen día desapareció; ante el asombro popular, sobre todo de los millares de pacientes. Y poco después , con él su angelita magdaleniense...Y nunca jamás volvieron a aparecer. 

El día que desapareció cayó una tormenta que duró tres días. Porque cuando los "ángeles lloran, lloverá"... (Fernando Olvera).

Años más tarde este Vademecum lo hizo libro; mi padre, mi maestro, mi ángel Eric Rolf...

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