Un domingo por la tarde para el Vagabundo es para hacer deporte, sale a correr media hora con cambios del ritmos, para que el martes, en el partido semanal de Fútbol 7, no se le caiga el culo. Y no se le cae. Siempre da lo máximo.Yo soy...

Lo del domingo es voluntario obligatorio, excepto que Xodó lo engañe por un paseo , cosa que le encanta y parar a tomar algo; cosa obligatoria del bendito y maravilloso paseo.

Pero de  vuelta no me podía creer lo que veía. Sobre la fachada de un edificio de nueva construcción, hay un pequeño con su madre apoyada en la pared a regañadientes.Ella Madre Pobre , él Niño Rico.

Nos acercamos y el pequeño, de seis años, mantita en el suelo, para sentarse, con una caja registradora de plástico y de juguete (de la que tenía gastada seguro de jugar en su casa), nos mostraba a nosotros, y al uni, su Don ya tan celestialmente marcado: Las Ventas.

Tenía un puesto en la acera de piedras de colores y conchas rescatadas de cualquier playa, donde en ella ya estaba la semilla de su imperio en su cabecita. 

Ambas pietras, estaban decoradas con pinturas de uñas de Madre Pobre y serpentinas del curso de dibujo de Madre Pobre, decoradas con diseños de l@s Grandes de la Moda, que también rescató en su cabecita, pero que implantó magistralmente en sus tesoros.

Alucinando hicimos una compra; estaba cantado. 

Nos dijo que todo era 1 céntimo. Yo le compré un pisapapeles de 1 céntimo verde con purpurina dorada y Xodó uno de un estilo Agatha. Y metió en su cajita registradora un euro, sin cambio que valga. La ocasión se lo merecía.

Ante tanto impacto de un niño con esa alegría hacia mi persona, le preguntamos su edad. Categórico: 6 años.

Su madre apoyada en la pared, con cara de "pena penita pena" decía que el pequeño,no paraba de darle la coña para salir a la calle a vender sus preciados tesoros (para ella sus piedras) pero que ella estaba pasando una vergüenza...Típico de Madre Pobre. No se daba cuenta , ni apreciaba la maravilla universal que tenía ante sus ojos. Su mente quizás estaba puesta en el programa de cotilleo o en la serie de turno que dejó esa tarde de domingo por las piedricitas de los cojones (según su mente, de Madre Pobre...).

Detrás nuestras venían más gente a descubrir al Niño Rico y a comprarles más tesoros.

Nos despedimos con nuestros apreciados tesoros, y con el alma en grande. Ambos nos miramos y sonreímos, y sabíamos que nos encontrábamos ante el próximo millonario sevillano, que seguro que no conoceremos, pero que intuimos su bella historia aquí impresa en mi diario tan apreciado.

Niño Rico, gracias por la lección y por engrandecerme el alma en mis batallas hacia lo más grande.

Gracias porque fuistes una rayo de luz por el valle de la muerte que recorro, pero que por la aportación angelical de un domingo cualquiera de seres de luz como tú , hacen que me haga más fuerte y salga del valle con más fuerza.

Gracias Niño Rico.

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