Cuenta el cuento que apareció Carl Jung en una cena de gala de aquellas que tanto odiaba y se ponía nervioso de ir.
La señora Heumann dio una comida en Berna un buen día sin motivo alguno (para los aburridos sí) y quería allí a las más celebridades del entorno. El editor de Jung le dijo que tenía que ir si quería que su libro se vendiese...Jung cual madre pájaro tenía bocas polluelas abiertas...
La mesa embellecida con flores y decorada con los últimos manteles de raso, las vajillas de plata y oro y las velas más auténticas de cera de abejas, animado por un cuarteto de cuerda; hizo que el bueno del profe tuviese que sentarse al lado de la señora anfitriona.
Ya en en la sopa principal (descartando aperitivos para que el cuento no se haga muy largo) se le sentó al lado la bella dama con un olor maravillosos de Ahmed Soliman Cairo´s , empezó a contarle "Estupideces intelectuales". Sobre la física cuántica, sobre filosofofía y más filosofía. Su estupideces intelectuales le tenían alertada y sobresegura que Jung era un filósofo más que un psicólogo. Pero bueno eso es causa de otro diario del vagabundo.
Jung no apartaba sus ojos de la sopa de "Queso con Hierbas" que tan conscientemente tomaba con cuchara de plata, en un plato sopero de porcelana china con ribetes de oro, típicos cubiertos por entonces en almuerzos y cena de galas. A los 22 minutos de aquella charla sin respiración típicas de una persona nerviosa ante una eminencia a su izquierda, para quedar más o menos bien con aquel lucero, se dió cuenta que el profesor no paraba de mirar las hierbas aromáticas y los dados de queso que aún no habían fundido por reacción termodinámica.
La señora Heumann cogió aire tras verborrea anaérobica, de casi media hora, y al ver que al genio le llamaba la atención más la fundición láctica que su charla, le dijo : "Señor Jung ya no le abrumo más con mis ideas, lo dejo tranquilo comer". El señor Jung que volvió su cabeza con una sonrisa angelical típica de los ratones de laboratorio, le dijo: "No señora, no me abruma su dictado. Lo que me gustaría saber es lo que piensa usted de lo que dice, ya que lo que me ha contado, yo mismo lo podría encontrar en un "mataburros" (como se le llama en Bolivia a una enciclopedia o lo que sería hoy Google)".
La señora ante tal desconcierto y un poco más serena por el repaso intelectual, dijo: "Bueno, lo tendría que pensar un poco"...
Hablamos de hacia el año 1959 en Suiza, hace ya más de 60 años. Y aunque los personajes uno de ellos es de ficción, y las palabras no fueron las mismas pero el mensaje fue exacto, el cuentecillo existió con otras palabras , asi como la mitad de los personajes.
Hoy en día podría haber pasado entre una eminencia y otra persona, en una comida de empresa de esas que se dan voluntario-obligatorio en la navidad (sí, en minúsculas ya que es un invento, para sacar cuartos y quedar bien, porque Jesús nació el 21 de Agosto).
Esa misma charla podría haber pasado entre una eminencia y otra persona, en una comida de empresa de esas que se dan voluntario-obligatorio en navidad. Seguro que la persona que hablaba 22 minutos sin parar, hablaría de un chismorreo de un programa de tv de moda, ya que los "mataburros" no existen hoy en día.
Lástima de la desaparición de los "mataburros", lástima de la aparición de la tv, lástima de que en aquella cena (la última) como premonición santa, seguro que habría más de un móvil que acortaría esos 22 en 5 o menos minutos. Lástima que ya ni haya "Estupideces intelectuales".
Colorín colorado... Investiga sobre este cuento acabado...


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